Nelson Mandela, un abogado por la libertad

Nelson Mandela, referente en la lucha antirracista y anticolonialista de Sudáfrica, era como yo, abogado. Aunque creía más en la lucha por la igualdad fuera de los tribunales.

Vivir en un genocidio te llena de odio por tu agresor. La impotencia que genera estar en el bando oprimido es tan enorme que se nos hace imposible siquiera imaginarla, pero sí podemos empatizar con los oprimidos y posicionarnos a su favor.  Mandela, afirmaba que era necesario posicionarse. Porque al no hacerlo, te estás posicionando en el lado del opresor. Al mismo tiempo, y aunque resulte contradictorio, Mandela aprendió a comprender a su agresor. (Le costó 23 años encarcelado para hacerlo). Y esto es lo verdaderamente revolucionario.

 

Comprender al opresor no es justificarle, no es pasarle la mano, no es decirle “pobrecito tú”, comprenderle no significa apoyarle. Es simplemente saber que esa persona es víctima de su propio miedo, de su odio, de su intolerancia.

 

Cuando el oprimido se defiende. Está luchando por su libertad, pero también por la del otro.

 

Me ha costado muchos años entender por qué he elegido esta profesión. Siempre ha sido vocacional y siempre he tenido  ese “hambre” de justicia, pero realmente podría haber elegido cualquier profesión relacionada, fiscal. Juez… cualquier cosa… más adelante intuí que lo que quería hacer era defender a quien no podía hacerlo por sí mismo.

Sin embargo, he tenido que pasar por procesos emocionales y vivencias personales bastante complejas para entender lo que supone realmente defenderse:

 

Defenderse es poner LIMITES.

Poniendo límites no solo te estás defendiendo, sino que te estás liberando de tus miedos obligando al mismo tiempo al otro a enfrentar a los suyos. Haciéndoos por tanto más libres mutuamente.

 

A veces, se pueden pactar estos límites mediante una negociación, otras veces es necesaria una mediación, y otras -por desgracia- no podemos esperar que todo el mundo renuncie voluntariamente a abusar y se enfrente a sus miedos más profundos. En estos casos la solución pasa por interponer una demanda. A veces, demasiadas veces, el límite lo tiene que poner el estado a través de la ley y su cumplimiento. (O al menos debería hacerlo, pero ese es otro debate).

Yo soy abogada, pero la verdad es que yo no defiendo a nadie. Yo ayudo a las personas con mis herramientas a defenderse por sí mismas.

 

Defiéndete, comprende, perdona y ama. (Y ensancha el alma)

 

Si quieres saber más sobre mi y sobre mi equipo, visita la sección Quienes somos de Castro In law

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